viernes, 20 de mayo de 2011

ubicacion geografica de mesoamerica


. la región centro-sureste de México y la zona norte de Centroamérica, donde florecieron las más importantes civilizaciones prehispánicas.

Como sabes, la región que llamamos Mesoamérica tiene diversos paisajes, desde las cumbres nevadas hasta las costas tropicales. En general, el clima y las condiciones naturales de la región son favorables para la vida humana. Cuando comenzó a poblarse, era más húmeda que ahora.
En muchos lugares que hoy son bastante secos, como el Valle de México, había bosques, lagos y pantanos. Abundaban los animales para la cacería y la pesca y muchas plantas que podían recolectarse.
La disponibilidad de agua, la fertilidad de la tierra y la variedad de plantas, ayudaron a que surgiera una agricultura muy productiva, de la que vivía una población más numerosa y densa que la de otros lugares de América.
La diversidad de los climas y de los productos naturales de Mesoamérica propició desde épocas muy antiguas el intercambio comercial y cultural entre zonas apartadas. Aunque cada civilización mesoamericana tuvo rasgos propios, el comercio, las migraciones y las expediciones militares difundieron la influencia de los pueblos más avanzados. Por eso hay costumbres, creencias y formas de trabajo que son comunes a todos los pueblos de Mesoamérica.
La evolución de las civilizaciones mesoamericanas es larga y complicada. Para entender mejor esa historia, los especialistas la han dividido en tres periodos, tres épocas en que los pobladores de la región comparten más o menos el mismo nivel de desarrollo cultural. Estos periodos son:

* El Formativo o Preclásico abarca desde 1800 a.C., cuando se extienden las aldeas agrícolas permanentes, hasta 200 d.C.
* El Clásico abarca del año 200 al 800. Es el tiempo de esplendor de numerosas ciudades independientes, en las que se construyeron grandes centros ceremoniales.
* El Postclásico comprende desde el año 800 hasta la llegada de los españoles. Al principio de este periodo, las ciudades más importantes de Mesoamérica fueron abandonadas o destruidas.
Después se fundaron otras y finalmente surgió el gran señorío mexica, que dominaba gran parte de Mesoamérica a principios del siglo XVI, cuando Europa y América entraron en contacto.



Fuente: SEP, Historia Quinto grado, México, 2009, págs. 88 - 91.

El Preclásico: las primeras civilizaciones

Cabeza de niño modelada en barro. Periodo Preclásico.Periodo Preclásico. En las primeras décadas del siglo XX, los antropólogos mexicanos encontraron que abajo de los grandes centros ceremoniales llamados clásicos, como Teotihuacan y los de la zona maya, había restos más primitivos. Por eso, se denominó Preclásico al periodo cultural de mayor antigüedad.
Hoy sabemos que en ese periodo formativo, que dura por lo menos 20 siglos, hubo una lenta evolución desde las aldeas agrícolas hasta la primera gran civilización de Mesoamérica: la Olmeca.

Durante el Preclásico creció aceleradamente la población de Mesoamérica, tanto así que algunos historiadores hablan de una explosión demográfica. No se sabe con precisión a qué se debió este fenómeno, pero seguramente está relacionado con el aumento de las superficies cultivadas, el invento de nuevas técnicas agrícolas y el desarrollo de variedades de maíz que producían mazorcas más grandes. Muchos sitios de México estuvieron habitados desde principios del Preclásico.


Los vestigios de edificaciones no son muy abundantes, pues en esa época se construía generalmente con madera, hojas de palma y otros materiales que no resistieron el paso del tiempo. Los antiguos mesoamericanos creían en la existencia de un más allá donde moraban los espíritus de los muertos. Lo sabemos porque en las tumbas que han sido descubiertas enterraban a los muertos con objetos que, según ellos, podían necesitar en otra vida. Estos objetos eran: joyas, vasijas, juguetes y figurillas de barro.


Había también una religión primitiva, en la que se veneraba a fenómenos de la naturaleza como el Sol, la lluvia y la fertilidad de la tierra. En las sociedades estaban divididos en varios grupos: gobernantes, que a la vez eran sacerdotes y jefes guerreros; artesanos y campesinos, que eran la mayoría.

Estos últimos trabajaban la tierra, construían las obras públicas y en las guerras peleaban como soldados. Los trabajos agrícolas se hacían en grupo y las familias se repartían los productos del campo. Las técnicas progresaron con gran rapidez. Se tejían, entre otras cosas, telas, cuerdas, redes y cestas. Los trabajos que se hacían en piedra y en barro alcanzaron una gran perfección. Además de la civilización Olmeca, en el Preclásico se desarrollaron las primeras etapas de las grandes culturas de Mesoamérica. Esto sucedió en varias regiones: en la zona maya, en la zapoteca, en el Occidente y en el Altiplano.



Fuente: SEP, Historia Quinto grado, México, 2009, págs. 90-91.

El periodo Clásico


Marcador del juego de pelota. Uno de los edificios que se encuentran en todas las ciudades del Clásico es el juego de pelota. Hacia el año 200 a.C. en varias regiones de Mesoamérica, se inicia el desarrollo de grandes civilizaciones urbanas. Los centros ceremoniales se multiplicaron y las artes y las técnicas alcanzaron un esplendor impresionante. Es la época en que florecen, entre otras, la civilización maya, la zapoteca y la de los pobladores de Teotihuacan.

En esta época, la organización de la sociedad se volvió más complicada. Al lado de los guerreros-sacerdotes surgieron los funcionarios encargados de impartir justicia y de recaudar tributos, comerciantes que viajaban largas distancias y artesanos de gran especialización. La religión ocupaba el lugar central de la vida y en torno a ella giraban las demás actividades.

Los asombrosos centros ceremoniales de esta época, sus templos y pirámides, tumbas y palacios, nos dan una idea de lo importante que era la religión en las sociedades clásicas.

La construcción de esos centros ceremoniales tenía como finalidad obtener el favor de las deidades, que según las creencias de aquellos pueblos, gobernaban la vida de los hombres y los ciclos de la naturaleza. En ese periodo hubo, además, notables avances en ciencias como las matemáticas y la astronomía, se crearon complicados sistemas de escritura y prosperó la herbolaria, que estudia las propiedades benéficas o dañinas de las plantas. Las técnicas para trabajar la piedra y el barro alcanzaron su punto más alto; las paredes de los centros ceremoniales se cubrieron de pinturas y relieves. Cada pueblo desarrolló un particular estilo artístico, aunque los pueblos de Mesoamérica compartían formas de arte parecidas.

La más antigua e influyente de las civilizaciones clásicas fue la de Teotihuacan.

Fuente: SEP, Historia Quinto grado, México, 2009, págs. 96 - 97.

El periodo Postclásico

El periodo Postclásico o histórico se inicia hacia el año 800 y termina en 1521, cuando los españoles tomaron la capital del imperio azteca.
El fenómeno que caracteriza al Postclásico es la invasión de Mesoamérica por pueblos seminómadas que provenían del norte, de la vasta extensión de Aridoamérica. Estos pueblos se asentaron en Mesoamérica, se mezclaron con los antiguos pobladores y asimilaron muchos elementos de las culturas Clásicas. Con el tiempo crearían una nueva civilización, comparable a las más avanzadas del continente americano.

aztecaEn esta época se desarrollaron las técnicas para fundir y trabajar metales como oro, plata y cobre. Estas técnicas se inventaron en la región andina y probablemente llegaron a Mesoamérica a través de comerciantes que navegaban por las costas del Océano Pacífico. Aunque los pueblos del Postclásico fueron artesanos maravillosos, no utilizaron los metales con fines prácticos, sino únicamente en la fabricación de joyas y adornos. Los toltecas fueron una importante civilización de esta época.

Fuente: SEP, Historia Quinto grado, México, 2009, pág. 110.

Descubrimiento de América

Antecedentes


En 711 los árabes, que no eran cristianos sino musulmanes, invadieron casi toda la península ibérica, donde ahora están España y Portugal. Solamente en el norte se mantuvieron libres algunos reinos cristianos, que empezaron a pelear contra los que llamaron moros. A esa larga lucha, que duró casi ocho siglos, se le llama la Reconquista.

En los reinos de la península ibérica vivían, además, muchos cristianos, musulmanes y judíos, quienes convivieron allí y enriquecieron mutuamente sus culturas. A través de esos árabes llegaron a Europa el papel, el concepto del cero, muchos escritos de los filósofos griegos, y prosperaron estudios como la alquimia y la astronomía.

Los árabes se adueñaron del sur del mediterráneo, y para los cristianos comenzó a ser difícil llegar a India o a China, pues para hacerlo tenían que atravesar tierras musulmanas. Pero en Oriente había productos muy apreciados, y los europeos se esforzaron por hallar nuevas rutas para controlar su comercio.

En busca de nuevas rutas

De 1096 a 1292, en Europa se organizaron ocho expediciones contra los musulmanes, llamadas las Cruzadas. Las inspiró el deseo de que Tierra Santa, lugar donde vivió Cristo, estuviera en poder de los cristianos. Pero estas luchas tenían también motivos económicos.
Seres fantásticos rodean la nave de Cristóbal Colón Théodore de Bry (1528-1599). Théodore de Bry (1528-1599). Los españoles tenían en la Reconquista su propia cruzada. Isabel, reina de Castilla, se casó con Fernando, rey de Aragón (los Reyes Católicos), y sus reinos unidos fueron los más poderosos de la península. Para entonces ya existía el reino de Portugal. Cuando comenzaron a gobernar los Reyes Católicos, los musulmanes habían perdido mucho terreno.

Las guerras contra los musulmanes y el deseo de encontrar nuevas rutas hacia el Oriente más rápidas y seguras animaron las exploraciones marítimas europeas.


Entre los mejores navegantes figuraban los italianos y portugueses. A partir del siglo XV, éstos últimos comenzaron a navegar por las costas de África en busca de esclavos, negros y productos valiosos, como el marfil. El navegante portugués Bartolomé Días llegó al extremo sur de África y lo llamó Cabo de Buena Esperanza. Al regresar, en 1493, supo que Colón había llegado a la India cruzando el Atlántico, pero en realidad había llegado a América, que en aquel entonces nadie sabía que ése era un nuevo continente.

Fuente: SEP, Historia Cuarto grado, México, 2009, págs. 46 y 47.

La conquista de México

La historia de la conquista del actual territorio mexicano comenzó realmente en 1517, cuando el navegante Francisco Hernández de Córdoba exploró la costa de la península de Yucatán. Aunque los mayas pasaban por una etapa de decadencia, sus ciudades y su organización impresionaron vivamente al explorador. Gravemente herido en un combate con los indígenas, éste regresó a Cuba con las noticias de lo que había visto.

El gobernador de Cuba, Diego Velázquez, pensó que podía beneficiarse con el descubrimiento hecho en Yucatán. Organizó una nueva expedición, bajo el mando de Juan de Grijalva y éste no sólo confirmó la información de Hernández de Córdoba, sino que cuando exploraba el actual territorio de Veracruz se enteró de que existía un rico imperio que dominaba la región y que era temido y odiado por otros pueblos indígenas.

El gobernador Velázquez decidió enviar una flota más grande y bien armada. Reunió 11 naves y casi 700 hombres y dio el mando de la expedición a Hernán Cortés, quien había sido su socio en varios negocios: le ordenó explorar las costas y comerciar con sus habitantes. Cortés, sin embargo, tenía otras intenciones. Al desembarcar en tierras de Veracruz y entrar en contacto con sus habitantes, Cortés y sus hombres se dieron cuenta de que efectivamente la riqueza del imperio era grande y de que los pueblos sometidos resentían la dominación azteca. Cortés decidió avanzar hacia el interior. Conforme a la ley española, formó el ayuntamiento de la Villa Rica de la Vera Cruz e hizo que sus autoridades lo nombraran jefe de la expedición. De esa forma, sólo debería obediencia al Rey de España y no estaría sometido a la autoridad del gobernador Velázquez.

En su marcha hacia Tenochtitlan, Cortés siguió una táctica astuta: atemorizaba a los indígenas con su fuerza militar y su crueldad, y al mismo tiempo los invitaba a que fuesen sus aliados. Así fue como los tlaxcaltecas, enemigos irreconciliables de los mexicas, decidieron apoyar a Cortés, cuando al principio habían luchado en su contra.
  Moctezuma II, según la imaginación de un pintor europeo. Al llegar al Valle de México, los españoles fueron bien recibidos por el tlatoani Moctezuma, quien los alojó en el palacio de Axayácatl, cercano al recinto sagrado. Moctezuma era un guerrero experimentado, pero ahora estaba dominado por la indecisión y el temor. Hombre supersticioso, pensaba que tal vez los extraños visitantes eran dioses, como lo anunciaba una antigua profecía. Decidió obedecer a Cortés y entregarle valiosos tributos, con la esperanza de que los españoles regresaran por donde habían venido.

La presencia de los extranjeros ofendía al pueblo de Tenochtitlan, pero era tanto el respeto que sentían por la figura del tlatoani, que nadie se atrevía a contradecirlo. Esa calma terminó de manera violenta.

Cortés salió de Tenochtitlan obligado a marchar con parte de su ejército hacia la costa del Golfo, para combatir a las tropas que el gobernador de Cuba había enviado para arrestarlo. Cortés dejó una guarnición en Tenochtitlan al mando de Pedro de Alvarado, gente de toda su confianza.

Alvarado era un soldado impulsivo y cruel. Temía un ataque de los aztecas y aprovechó que en una gran ceremonia religiosa estaba reunida la nobleza azteca, sus jefes militares y sus sacerdotes. Estaban desarmados y danzaban cuando Alvarado lanzó contra ellos a sus tropas y a las de sus aliados. La matanza fue terrible. Cientos de mexicas murieron ese día. Eran los dirigentes que se habían educado en el calmécac, los veteranos de guerra, los intérpretes de códices.

La matanza provocó una enorme indignación. Los aztecas se lanzaron contra el palacio de Axayácatl, donde los españoles se atrincheraron, llevando con ellos a Moctezuma y a otros jefes aztecas. El palacio quedó cercado, casi sin agua, ni alimentos.
Fuente: SEP, Historia Quinto grado, México, 2009, pág. 148.




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